Neoclasicismo

La pintura neoclásica es un movimiento pictórico nacido en Roma en la década de 1760 y que se desarrolló en toda Europa, arraigando especialmente en Francia hasta aproximadamente 1830, en que el Romanticismo pasó a ser la tendencia pictórica dominante. El Neoclasicismo representaría la aspiración a un orden regido por la razón, mientras que el Romanticismo representaría las igualmente burguesas ideas de libertad en un mundo dominado por el sentimiento individual.

Y ello sin olvidar que en este período neoclásico de 1760-1830 trabajaron artistas como Goya, Füssli o Blake, que escapan a cualquier clasificación, ensalzando más lo irracional y la locura que la serenidad a la antigua. 

En las artes plásticas, el movimiento europeo llamado El «Neoclasicismo» comenzó después del año 1765, como una reacción a los estilos Barroco y Rococó. Con la llegada de la Revolución francesa (1789), el Neoclasicismo se adoptó como el estilo propio de la burguesía frente al rococó aristocrático, la respuesta estética propia de la revolución.

 Una circunstancia que contribuyó al nacimiento del Neoclasicismo es que la Antigüedad grecorromana, simplemente, se puso de moda. Ello se debió en gran medida a los descubrimientos arqueológicos de la época en Herculano (1738) y Pompeya (1748). Los artistas aprendieron que los grandes sufrimientos se expresan mediante movimientos contenidos y no con gesticulaciones desagradables.


Características del Neoclasicismo
  • TécnicasPredominó el dibujo, la forma, sobre el colorido. Ello da como resultado una estética distante del espectador, reforzado por la luz clara y fría que bañaba las escenas, ya que si se adoptaran tonos dorados se introduciría en la obra una sensualidad que se rechazaba en la estética neoclásica. A veces se usaba el claroscuro, con una iluminación intensa de los personajes que interpretaban la escena en el centro del cuadro, dejando en las tinieblas el resto del cuadro. Al destacar el dibujo sobre el color, este último era mero coloreado, que informaba sobre el contenido del cuadro, modelando los objetos representados, sin tener valor estético por sí mismo.
  • Temas. Se cultivó sobre todo el cuadro de historia, reproduciendo los principales hechos de la Revolución francesa y exaltando los mitos griegos y romanos, a los que se identificó con los valores de la Revolución. Los temas representados siempre eran serios y eruditos, con intención moralizante: alegorías e historias que transmitían valores ejemplares como el sacrificio del héroe o el patriotismo. Bajo Napoleón Bonaparte, se llegó a una clara intención propagandista. Las fuentes que inspiraban las obras eran Homero, la historia de Roma Antigua en especial Tito Livio, y poemas de Petrarca. En muchos casos, las escenas no representaban el momento álgido de la historia, sino el momento anterior o posterior.
  • Composición. Generalmente se pintó al óleo sobre lienzo, pero también hubo frescos. El estilo buscaba la sencillez también en la composición. Cada cuadro se refería a un solo tema principal, sin temas secundarios superfluos que pudieran distraer. No son cuadros de gran profundidad, sino con una construcción frontal que recuerda a los frisos y bajorrelieves clásicos. Estos personajes que ocupaban el primer plano estaban representados con una anatomía ideal, perfectas musculaturas sin defectos que recordaban a las estatuas clásicas como el Apolo de Belvedere. Normalmente se dibujaba siguiendo el «método de la cuadrícula»: los personajes se dibujaban desnudos en una hoja de papel cuadriculado y luego se trasladaban así al cuadro. Allí podían reproducirse desnudos si eran figuras masculinas: era el desnudo heroico clásico, si bien ocultos los genitales por algún elemento accesorio como colocado por azar. Si eran mujeres, no se representaban desnudas. Estas figuras ideales, estatuarias, también podían ser revestidas al modo de actores de teatro con ropajes majestuosos, que recordaran por su solemnidad y riqueza a las vestimentas clásicas. Las posturas que adoptaban los personajes eran contenidas, no importaba cuán intenso fuese el sentimiento que podía dominar la escena, puesto que así conservaban esa belleza ideal, sin que el dolor deformara sus rasgos.
  • Artistas

                                                 Francia

 El máximo representante del Neoclasicismo francés fue Jacques Louis David. David cultiva un estilo realista en las vestimentas, las arquitecturas y los detalles arqueológicos. Las figuras están representadas con fidelidad anatómica. Su estilo severo y equilibrado se inspira en la escultura clásica, y en autores como Rafael y Poussin.

   

Cuando David marchó a Bruselas, dejó su taller a su discípulo mejor dotado Antoine-Jean Gros, protegido de la emperatriz Josefina. Acompañó a Napoleón Bonaparte en su campaña italiana, y a partir de ahí se convirtió en el pintor que reflejó sus campañas militares. 
También cultivaron el Neoclasicismo en Francia:

Jean-François Peyron  en cuya pintura predominan los colores fríos, Pierre Narcisse Guérin que se centró en temas históricos,
Joseph-Benoît Suvée a quien se debe L'invention du dessin («La invención del dibujo»).
Finalmente, cabe mencionar a Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867) al que se considera el otro gran pintor neoclásico, incluso superior a David. Su obra, compleja, y dilatada a lo largo de tanto tiempo, incluía elementos románticos, de manera que realmente no se puede adscribir sólo a la estética neoclásica. Su estilo es claramente neoclásico, líneas puras, colores fríos, predominio del dibujo sobre el color, pero la temática es variada, y muchas veces recoge elementos exóticos típicos del orientalismo romántico. 

 



Resto de Europa
Fuera de Francia, un artista destacado en el establecimiento y evolución del Neoclasicismo fue el alemán Anton Raphael Mengs (1728-1779).  En 1761 llegó a España, para pintar en el Palacio Real de Madrid. Como director de todas las actividades artísticas de la corte, impuso el nuevo estilo en el país. Su estilo es minucioso. A diferencia de otros neoclásicos, conserva el colorido brillante del rococó. La Real Academia de San Fernando defendió el nuevo estilo. Otros pintores neoclásicos de España fueron Mariano Salvador Maella (1739-1819) y Francisco Bayeu (1734-1795), colaboradores de Mengs en los palacios reales de Aranjuez y Madrid.

Vicente López Portaña (1772-1850) asumió los principios estéticos de Ingres y Mengs. Era un destacado dibujante que realizó destacados retratos académicos, muy minuciosos.

José Aparicio Inglada (1773-1838) es un clásico «puro», que se formó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, estudio con David en París y que cultivó un estilo frío que puede apreciarse en El hambre en Madrid, obra propagandística en favor de Fernando VII.




También en la Academia de San Fernando y en París estudió José de Madrazo (1781-1859), a quien se considera introductor del Neoclasicismo en España. Realizó retratos y también cuadros de historia y que inaugura la gran «pintura de historia» española del siglo XIX. 
 


No obstante, el que se considera mejor cuadro del Neoclasicismo español es el Cincinato de Juan Antonio Ribera (1779-1860), con el que obtuvo gran éxito.


En Italia, pueden verse obras del estilo de David en Andrea Appiani (1754-1817) y Vincenzo Camuccini (1771-1844).

Andrea Appiani

En Gran Bretaña trabajaron el escocés Gavin Hamilton (1723-1798), que estuvo entre los neoclasicistas de Roma, considerado uno de los fundadores del Neoclasicismo junto con Mengs. 


El estadounidense Benjamin West (1738-1820), que vivió tres años en Roma y luego se estableció en Londres en 1763.





...la suiza Angelica Kauffmann (1741-1807), quien aparte de temas históricos hizo retratos de factura neoclásica y un tono sentimental.

 



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